" La Batalla del Río de la Plata"
En agosto de 1939, el acorazado Admiral "Graf
Spee" zarpó del puerto de Wilhemshaven, al mando de su comandante Hans
Langsdorff (capitán del barco desde octubre de 1938). Su misión consistía en
actuar como corsario en el Atlántico sur. Sus órdenes eran hundir buques
mercantes británicos sin entrar en combate con fuerzas enemigas considerables.
La Batalla del Río de la Plata
La víspera del 13 de diciembre, el Admiral Graf Spee, se
aproximó a 150 millas de la costa brasileña, poniendo a continuación proa al
sudoeste para alejarse de ella a velocidad de crucero. Se proponía cortar la
ruta de los buques comerciales que alcanzaban Buenos Aires y Montevideo desde
al nordeste y el este. Hacía media hora que había amanecido cuando el vigía del
acorazado alemán alertó: "¡Remates de mástiles a proa!".
En la mañana de aquel día de diciembre de 1939, el Graf Spee
estaba a unos cientos de kilómetros de la costa frente al estuario del Río de
la Plata. Los vigías divisaban el horizonte desde la amanecida y uno de ellos
dio alarma de mástiles en el horizonte.
El comandante de guardia, sorprendido de ver mástiles y no
humo, ordenó despertar al capitán. El vigía creyó avistar un crucero y dos
destructores. El comandante Hans Lansgdorff ordenó cubrir puestos de combate;
creía tener a la vista la avanzada de protección de un convoy. Como el Graf
Spee era superior a esas naves y el objetivo estaba acorde con las directivas
dadas, decidió combatir, para luego hundir el convoy. Pronto Langsdorff
descubrió su error; el crucero era un buque de 10.000 toneladas, inferior al
acorazado alemán. Los otros dos navíos, que habían sido tomados por
destructores, eran cruceros ligeros que disponían entre ambos 16 cañones de 152
mm. Los tres buques eran los cruceros Exeter, Ayax y Achilles, al mando del
comodoro Harwood.
Langsdorff decidió aplastar a sus adversarios uno a uno y
concentró sus fuegos sobre el más poderoso y peligroso de ellos: el crucero
pesado Exeter. A las 06:16 fueron disparados los primeros fuegos desde los
montajes triples de 280 mm del Admiral Graf Spee, y tres minutos después fueron
contestados por el Exeter.
Las dos naves intercambiaban un rápido y nutrido fuego. El
Exeter fue tocado, y también el Exeter había tocado al acorazado alemán. El
Admiral Graf Spee había destruido completamente la cocina, así como la red de
agua potable de la nave. Hubo muertos y heridos. Pero los daños en el Admiral Graf
Spee eran mínimos comparados con el infierno desencadenado en el Exeter.
Finalmente los cruceros británicos se apartaron. Langsdorff tenía el combate en
sus manos, pero debido a falta de información efectiva sobre sus resultados, la
cantidad de bajas y pensando que estas unidades eran una avanzada de otras
mayores, decidió no acabar con los sobrevivientes y se envolvió en humo y se
alejó a toda máquina hacia la costa. Luego de salir al alance de los poderoso
cañones del acorazado, el comodoro Harwood decidió seguir al acorazado,
tratando de no perderlo de vista.
La trampa de Montevideo
Los resultados del combate para el Graf Spee fueron 56
muertos y 20 impactos; los daños eran relativamente menores, pero habían
mermado su provisión de municiones. Fue entonces cuando el acorazado alemán se
dirigió hacia el Río de la Plata y entró al Puerto de Montevideo. El gobierno
uruguayo ofreció una estadía de 72 horas, que debía emplear para la reparación
de la nave con sus propios medios.
Mientras tanto, la diplomacia y los servicios secretos
ingleses entraron a crear un sesudo plan para engañar a los alemanes. La
diplomacia británica en Montevideo realizó una compleja labor de desinformación
con respeto a las fuerzas navales británicas apostadas en la salida del Estuario
del Río de la Plata e hizo circular falsos rumores, amenazas e intimidaciones,
de tal modo, que se realizaron falsos comunicados entre fuerzas inglesas
inexistentes a la salida del Estuario, esto llevó a que Langsdorff tomara
decisiones.
Durante el tiempo que permaneció en el puerto de Montevideo,
los miembros de la tripulación muertos fueron enterrados en el cementerio de
Montevideo. Los prisioneros de guerra desembarcados del Graf Spee acompañaron
voluntariamente a los caídos en el cortejo fúnebre hacia el cementerio.
Langsdorff envió un telegrama al Alto Mando Naval en donde
concluía: “Me propongo avanzar hasta el límite de las aguas jurisdiccionales.
Si es posible abrirme paso hacia Buenos Aires, librar combate con el resto de
mis municiones. Para el caso que tal tentativa condujera a la destrucción
cierta del Graf Spee sin proporcionarle la oportunidad de causar daños al
enemigo, pregunto si ha de hundirse el navío en el estuario del Plata, aunque
los fondos en él son insuficientes, o bien debe permitirse su internamiento”.
Comandante Graf Spee.
La respuesta del Alto Mando Naval dejaba en completa
libertad de acción al comandante del Graf Spee, salvo en la internación en
Montevideo. La última frase decía: “Procure que la destrucción sea total si se
ve usted obligado a hundir su barco”. Erich Raeder.
El hundimiento
El 17 de diciembre de 1939, zarpó de Montevideo después de
las 18 horas, antes de expirarse el plazo acordado por el gobierno del Uruguay.
El buque avanzó lentamente por el estrecho canal en dirección a alta mar. Ahí
le aguardaban las naves británicas. Los espectadores del muelle de Montevideo
esperaban asistir al raro espectáculo de un combate naval. Tras la estela del
acorazado marchaba el transporte alemán el Tacoma, refugiado en el puerto
uruguayo desde el comienzo de las hostilidades.
Aparecieron dos remolcadores que provenían de Buenos Aires y
una serie de embarcaciones menores que iban y venían del acorazado al
transporte, transportando a la tripulación, de más de 1.000 hombres. Más de
medio millar de tripulantes fueron trasladados a Buenos Aires y parte a
Montevideo y en enero de 1940 se establece su internación en la ciudad. Tanto
en Buenos Aires como en Montevideo, unos 200 oficiales fueron dejados en
libertad y fugaron a Alemania donde reingresaron a la Marina Alemana, mientras
los marineros fueron internados en cuarteles militares. Luego, a las 19:55, una
enorme columna de llamas brotó repentinamente del Admiral Graf Spee.
Al cabo de unos instantes se escuchó una fuerte explosión.
El Graf Spee había explotado: los alemanes habían hundido su buque.
El 20 de diciembre, se encontró al capitán de navío Hans
Langsdorff muerto en su habitación del Hotel de Inmigrantes en Buenos Aires. Se
había envuelto en la bandera alemana y suicidado de un tiro de pistola en la
cabeza.
PD. cómo es notorio , hay confusiones y muchos creen o
destacan que el Graf Spee , esta hundido en aguas Argentinas o que sucedió en
aguas Argentinas , no es así , tanto la batalla , la historia y el lugar de
descanso final de muchos marineros caídos , como el del Acorazado de Bolsillo,
esta en territorio y aguas jurisdiccionales Uruguayas , tanto así como la
emblemática "Águila de Proa" sus telémetros ,cañones , anclas e
implementos , que se encuentran en perfecto estado de restauración y cuidado ,
en varios sitios y museos del Uruguay , lo que participa Argentina en esta
historia es que dió Resguardo a marineros , vivos que quisieron quedarse , a
vivir allá , a su capitán que optó por suicidarse después y algunos marineros
que optaron por volver a Alemania a seguir luchando , Sepan distinguir que
Uruguay y Argentina , somos dos países diferentes , con Historias diferentes
,más allá que nos unieron otras.





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